Una de las lecturas obligatorias en la antigua E.G.B., en mi caso fue un libro de Isaac Asimov, que se titulaba "Momentos estelares de la Ciencia". Ese libro de sencilla lectura me pareció en su momento aburrido, pero como dice mi gran amigo y maestro Riccardo Macrì, algunas lecturas y conversaciones aparentemente sin contenido, son rescatadas en algún momento, en el momento que tienen que resurgir, de algún lugar del cerebro cuando todo lo que nos relataban, cobran la importancia pudiendo extraer de las mismas su correcta enseñanza.
La Ciencia es descubrir, y descubriendo entendemos que hay un lugar para la incertidumbre, donde algunos creemos que hay un orden diferente y que todo tiene su lógica. Sin embargo, releo estos días a personalidades del mundo de la Ciencia en clave reflexiva, no como una evocación y recuerdo a sus descubrimientos, sino con la clara intención de descubrir qué motor se ponía en funcionamiento en sus mentes para poder sacar a la luz sus hallazgos. En muchos de ellos encuentro el sentido de lo trascendental, el asombro por el misterio, Einstein es un maestro no sólo de la ciencia sino de la vida, sus reflexiones inducen a la búsqueda y a dejar un espacio a la intriga a su vez.
Einstein venía a subrayar la necesidad del asombro del dejarse llevar por el misterio, diciendo algo así como lo siguiente: " El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia. Quien no lo conoce, quien no puede asombrarse y maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido".
Leer sus reflexiones es en sí mismo un disfrute, comprender su maravillosa mente, es fascinante puesto que en ellas se puede conocer algo del hombre, no sólo del genio.
En su aparente dejadez capilar en su apariencia casi desdeñada, nos deja el germen de unas enseñanzas que hay que poner en valor.
Al igual que la Naturaleza, nos consideraba a todos genios potenciales. Sólo hay que ver más allá de lo que nos quieren enseñar, porque el mundo, en cierto modo está diseñado para unos seres estándar que ninguno de nosotros somos.
Por eso no es importante el consumo que dirige a todos hacia las exigencias temporales del mercado, sino saber discernir la verdadera necesidad; por eso no es importante la moda, tal vez no siendo esclavos de ellas podremos vestir de un modo original; por ello no es preciso dejarse llevar por la abominable palabra crisis, puesto que de ella podemos sacar lo mejor de nosotros si aprendemos a surfear el temporal y entendemos, DE UNA VEZ, que somos mucho más de lo que poseemos, que el verdadero ser libre, es un quasi-nómada, que se adapta, que no se aferra, que ama su entorno pero está desarraigado de él al menos en tanto en cuanto siente que toda su esencia, puede ir donde se desplace. Todas las migraciones, los vaivenes económicos, las situaciones nos enseñan algo. Ésta crisis debe enseñarnos algo, es de necios esperar simplemente que pase como una tormenta, si no extraemos todo lo que a venido a enseñarnos.
La gente ignora el poder que tiene, hay múltiples caminos pero a menudo persistimos en los posos que deja una sociedad que se ha fraguado en la bipolaridad: blanco-negro, hombre-mujer, derecha-izquierda, bueno-malo, arriba-abajo... ignorando que hay más colores, más seres vivos además de los hombres y mujeres que precisan respeto, más direcciones, que no se debe juzgar, y que para ascender desde la base, bien lo saben los amigos de la montaña, existen tramos intermedios.