El arte de nombrar las cosas
Hace unos días reparé en que este blog no tiene nombre, o que adoptó el mío porque el
desde dónde se creó no fue otro sino disponer de un espacio virtual donde subir mi curriculum a la hora de darme a conocer profesionalmente y darme visibilidad frente a nuevos clientes.
Con el paso del tiempo, se transformó en un lugar donde escribir impresiones, donde las notas sueltas de formato papel susceptibles de extravío estuvieran en post en un espacio virtual donde volver o no en algún momento.
La indisciplina, ha sido la constante que ha dirigido mi escritura en tiempo y en forma, puesto que ni la periodicidad
-algo que ahora trato de observar intentando escribiendo el primer viernes de cada mes al menos- ni la labor documental,
-sin investigación exhaustiva previa- han sido atendidas hasta el momento, puesto que los sentimientos y sensaciones son el ámbito a relatar mayoritariamente, lo cual es imposible documentar porque se fraguan en el terreno de las vivencias y experiencias.
El nombre homónimo de este blog fue adecuado mientras el sentido fue dar difusión a
mi curriculum pero que en este momento, trece años después, con un
desde dónde completamente diferente y un
hacia (dónde) o hacia quién recién descubierto, entendí que debía ser nombrado como entidad propia.
La mayoría de los post del blog, no siguen un estilo literario definido, llevan la etiqueta de
reflexiones pues lo son, vivencias desde dentro, y otros, la etiqueta de construcción o
arquitectura dado que al ser la profesión que desarrollo no deja de estar presente... entonces busqué el nexo de unión entre reflexiones y arquitectura, lejos de lo conocido como "idea del proyecto", pero cercano a la búsqueda de una cualidad o atributo que unificara ambos... y descubrí que la reflexión y la arquitectura no son sino diferentes expresiones de la piel, entendiendo por piel, lo que cubre y protege.
La piel que cubre al ser humano (cuerpo y
eSpiritu) es la epidermis, la piel que recubre la epidermis es la ropa, la piel que recubre la a todas las anteriores es la arquitectura, los espacios (
Spais) por donde el ser humano transita.
Espíritu (piel 0, esencia), Epidermis (1ª piel), Ropa (2ª piel), Espacio (3ª piel)
Speis (primera 0 o esencia): La palabra espíritu viene del latín spiritus y éste del verbo spirare (soplar). Se asocia a una raíz indoeuropea *(S)peis-soplar, que posiblemente sea una onomatopeya del sonido que hace uno al respirar.
Spais (cuarta piel): derivada por decisión propia de la similitud sonora a la palabra espais que en catalán significa espacios.
SpaiSpeiS
Y me parece más que apropiado un nombre que contempla estas pieles y las atiende, que refleja la identificación de quien escribe no meramente con la profesión que desarrolla, puesto que quiero seguir siendo cuando me jubile algo que no sucedería si me identificare sólo con la profesión que desempeño.
No se trata de una estrategia de branding (proceso de construcción de una marca, aunque tampoco lo rechaza, pues yo no vendo nada) que pasa por el naming... o técnica utilizada para nombrar las cosas, sino de una acto de comunión con el desde dónde y de
separarlo para ser reconocido, y sabiendo que pueda no ser entendida explico a continuación lo reseñado en negrita:
Sabemos que todo tiene una vibración, también los nombres, pero si yo no nombro algo, no existe para mí, el hecho de nombrar es reconoces es hacer que lo otro o el otro interactúe contigo. Puedo pasar meses cruzándome con mi vecino y no existir para mí o ser alguien sin distinción propia... al menos hasta que conozco su nombre y le saludo como tal.
Nombrar las cosas es en sí un acto de dar reconocer un espacio y existencia propio, más allá de uno mismo y con una forma de interactuar para con uno.
El
desde dónde hoy, es llegar a dar permiso a quien me lea, a pensar diferente, a empoderar a los demás, pues no hay nada más bonito que ver al otro brillar y tal y como es, aunque a menudo no se pueda reconocer a si mismo, y el resto... lo iremos descubriendo.
You are Wellcome!