Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



Epitafios... para el hoy

Le dice un indigente a un rico: ¿Tiene usted una moneda?  El rico se la da, y no dice nada... no obstante, el pobre insiste en justificarse..."es para un café, hace mucho frío ¿sabe?
El frío no es una sensación de un cuerpo pobre, es una sensación que puede experimentarse en cada cuerpo animal.

Todos tenemos necesidades básicas: alimento, vestido, cobijo… y emocionales. Max Neef destinguiría entre necesidades fisiológicas y necesidades axiológicas.
Esas emociones no distinguen categorías, castas o clases sociales. No todo puede comprarse, la dignidad no se compra, del mismo modo que tampoco puede comprarse el "estar bien", (tal vez sí el confort o bienestar) ni se compran los amigos (tal vez sí la compañía).
John Filliger ha estado sin hogar durante los últimos cinco años
y como todos, también tendrá sueños, no es una foto de un
homeless sin más, esta vez, su nombre le devuelve la identidad.

Rico y pobre sienten frío, rico y pobre necesitan afecto… los indigentes no son mobiliario urbano, muchos de ellos son soñadores, intelectuales o desestructurados pero seres humanos en definitiva. Ahora… no tenemos monedas, pero al menos, sí miradas. La indiferencia y los prejuicios constituyen la epidemia más grande de nuestra sociedad.
Por prejuicios no vamos a determinados lugares, ni nos vestimos de aquel modo, ni hacemos las cosas que nos gustan ¿qué pensarían de mí si me ven durmiendo en la azotea en lugar de en la habitación? ¿qué dirán si salgo a la calle cuando llueve por el gusto de sentir la lluvia sobre la cara? ¿Y si me ven con esa persona?... banalidad. Los pensamientos son caballos desbocados que hay que controlar.

Nos perdemos las emociones, y no hay mayor tesoro que el ser en esencia, más allá del ser en especia o personaje. En sociedad, todo es como una obra de teatro donde cada uno recibe un papel y es difícil  que te identifiquen con aquello  que realmente eres, en los “media” de nuestros prejuicios, no está el individuo sino el actor y nada que lo describa que no sea ese guion que se le ha atribuido…
Nadie es perfecto, todos escondemos cochambre en la trastienda… es inherente al ser humano, pero el sentido de muchas vidas se guía por la obtención de los elementos de la tríada: dinero – poder – placer,   individualmente o combinados, que son maravillosos si no se convierten en obsesión, ni un elemento a conquistar a cualquier precio.

Epitafios… me gustan porque sacan lo mejor del protagonista, a menudo cuentan mentiras, otras veces no pero está  tautológicamente considerado hablar mal de lo que ha pasado a otra dimensión… tal vez es cuestión de pensar en el final de cara a vivir un intenso “ahora”. Afortunadamente nadie se queda, todos caminamos hacia la finitud, y gracias a eso, es  tiempo de gozar del tiempo.

Somos corazones a la deriva…