La abuela Concha
Siempre he paseado por mi barrio "adoptivo" de modo anónimo, me gusta hacerlo así, observar e implicarme la justa medida; en el sentido que prefiero conocer a ser conocida, para reservar el área de privacidad intacta en la medida de lo posible. Sin embargo, de entre la perspectiva general, hay personas que no pasan desapercibidas. De repente las ves, las observar cuando te cruzas varias veces con ellas y sabes feacientemente que tienen algo especial que confirmas cuando tienes la oportunidad de conocerlas.
Una de esas personas es la abuela Concha.
Concha es una de esas personas por las que vuelves a creer en la bondad. Toda una madre coraje, aparentemente un ser que pasea por el barrio con su inseparable perro pero cuando tienes la oportunidad de escuchar la historia de su vida, si te mueve el espíritu de la empatía, llegas a pensar "yo quiero ser así", y es que ella ha dedicado su vida a los demás. Matrona de profesión, ha traido al mundo vidas, y ha rescatado a muchas otras desde su labor como voluntaria. Ha abierto las puertas de su casa a seres desfavorecidos, enganchados o dependientes, con toda valentía, sin pensar de modo prejuicioso, y es que como ella dice, "cuando abres tu corazón y tu casa de verdad a quienes lo necesitan, jamás pueden hacerte daño" -sus palabras no son exactamente éstas, pero es el mensaje que viene a transmitir.
Persona profundamente empática y alegre, derrocha amabilidad, es un ser que sabe querer de verdad, cuando mira, ve más allá, pudiendo comprender si hay algo que te ocurre o todo está en orden. Ama la naturaleza, los animales y las plantas le encantan.
Es uno de los seres anónimos que humanizan la sociedad, que saben amar de verdad, que dan fuerzas para la vida, y de este modo, nunca envejecen, porque tienen toda la fuerza, la espontaneidad y la bondad de un niño.
Concha es extremadamente generosa, con su tiempo, con su ser. La verdad es que este tipo de personas deben ser reconocidos y mimados, porque tienen un valor enorme. Así, es que esta es mi manera de valorarla, como puede serlo cualquier otra, un pequeño gesto que subraya que no hay que irse a lugares insospechados para hacer grandes labores, que en cualquier parte, pueden estar los "ángeles" cotidianos que nos ayudan a entender que realmente, la felicidad consiste en hacer felices a los demás, como alguien dijo alguna vez, y muchas veces se nos olvida...
