A lo largo de la vida, pasamos por muchas etapas, básicamente sostenidas por las ideas de lo que creemos ser, con las identificaciones. Cada etapa trae en sí el bagaje de la anterior, por tanto, tus los cimientos sobre los que se sustenta (por lo general), van cambiando -es lo deseable- con la nueva información y las nuevas experiencias.
¿Qué eres tú? ¿acaso el tú de hace 10 años atrás es el mismo que quien eres (o crees ser hoy)? indiscutiblemente, nuevas experiencias acarrean nuevos conceptos.
Vichara es una palabra que pudiera ser sinónimo de auto-indagación, muy conocida en otras culturas orientales, fundamentalmente, que poco a poco va permeando en occidente. Nos definimos a menudo por nuestras identificaciones con lo que creemos ser o poseer... y yo me planteo a veces, si un jubilado arquitecto, sigue reconociéndose o presentándose desde este atributo, por ejemplo.
El peso de las creencias a menudo se refleja en el cuerpo, mas carga, más conceptos, más ideas adoptadas, o posiciones fijas de lo que son las cosas, nos hacen sentirnos más cargados, más pesados, y transitar el camino del autoconocimiento a la inversa, realmente, en mi experiencia va alivianando las rigideces mentales, liberando el alma y agilizando la mente.
¿Qué eres tú?
He estudiado, además de temas referentes a la carrera que cursé, muchas culturas, cosmovisiones, en infinidad de libros que guardo en cajas hasta ver realizada mi casa con muchas estanterías donde la los lomos de estos reflejen su magia y atraigan la curiosidad de otros. Mi casa será una casa abierta, donde tomar un té, leer un libro, conversar sin juicio y encender una hoguera (pequeñita), en el patio. Calor de hogar. He comprobado que incorporar nuevas ideas, y hablar desde la humanidad que tenemos todos, sin máscaras ni autoengaños ni juicios, es realmente sanador. La casa, como todas las casas en las que he vivido, tendrá un nombre, porque cuando nombras las cosas, es cuando ellas empiezan a existir para tí, dejan de ser objetos para ser mucho más. Tendrá una gran bañera, adoro descansar en el agua. El agua para mí siempre ha sido el bálsamo o sustituto perfecto de los abrazos que me faltan, con velitas y sal.... (me voy del tema), pero me apetecía expresarlo.
Veo que cuando más te identificas con cosas (materia, partícula), más te identificas con energía. Ayer, tomé la foto de la derecha, sin sombrero, y la comparé con la foto de la izquierda. Entre una y otra, más de 10 años... no me creo los límites. No me da la gana, es mi derecho y mi reivindicación.
Veo verdaderas transformaciones en personas que me escriben y con quienes compartimos ideas, y por fin una vez visto un cierto orden externo, siento que es mi momento. El orden externo, como ya conté en alguna ocasión, me genera orden interno. En ese momento hablaba de orden material, pero ahora hablo de orden emocional, en seres queridos o al menos un cierto grado de paz o amplitud de miras, y es ahora, cuando siento que llegó mi momento, no cuando todos dicen sino cuando lo siento.
Trabajo intensamente cada día por desidentificarme con el tiempo, perdón, pero no No y NO me lo creo. Un número o un color no puede definir a una persona. Y esto lo llevo al máximo, como el otro día en la farmacia, que la chica me preguntó mi edad para saber qué crema de una marca que le pedí debía venderme, en vez de observar mi piel (grasa seca o lo que sea), teniéndome delante. ¿Cómo es posible que entreguemos el poder a unos conceptos?
Vichara es auto indagación, y hay un ejercicio que observé y que espero practicar algún día, consistente en sentarse en el suelo (una de las modalidades), con las piernas cruzadas frente a otra persona, incluso, si quieres, rozando las rodillas, y tras un largo silencio, mirando a los ojos al que se tiene delante, preguntar ¿quién eres tú? y la maravilla y lo sorprendente es que ese silencio previo apaga la mente lógica y en lo que pude observar, absolutamente nadie se identificó con sus atributos materiales. Podrías preguntarte, que si es autoindagación, cómo puede ser que se haga este ejercicio entre dos, y la respuesta es bien sencilla: el silencio y mirar a los ojos, crean un "ambiente" donde uno no ve al otro sino que se ve en el otro, y ahí, resulta (casi, por no decir totalmente dejando lugar a casos aislados), imposible mentir-se.
Reclamando la redefinición de los conceptos...
