Cuando era pequeñita, me enseñaron bien a no tener miedo, ni a ponerme límites. Todos somos genios, sólo hay que creer en ello, pero la genialidad se cultiva, no es algo innato, el matiz está en hacia dónde orientamos esa genialidad. Para mí, la genialidad no es la consecución de objetivos materiales, que, nos guste o no, es un estadio pasajero de la vida, porque en sí ésta es un tránsito.

Para mí la genialidad es lograr vivir como uno desea, desde el interior. A menudo buscamos un cambio, en la sociedad, en el entorno, en el mundo, pero no tratamos de mejorar nosotros mismos. Después de muchas reflexiones, considero que es la consecuencia de pretender logros sin esfuerzo. Las metas se consiguen siempre con sudor, -a menos que sean dadas- de otro modo, es imposible valorarlas. Observo una nueva corriente que es la afinidad por el deporte.
De un modo creciente, veo a personas transformadas, físicamente y consecuentemente -fruto de la seguridad en uno mismo que se adquiere cuando modificamos lo que no nos gusta de nosotros mismos- en su actitud, su modo de actuar y dirigirse a los demás.
De este modo declaro que el deporte es un "bien de utilidad pública" puesto que transforma por dentro y por fuera, fortaleciendo no sólo el cuerpo sino también la mente, y si se me permite, el espíritu.
Crecer entre deporte y naturaleza, da a las personas armas para la vida. Es maravilloso el verano, entendido como un descanso de sol, agua y deporte, para mí, una batería de energía para el invierno, así es que aplaudo a quienes fomentan e incentivan del deporte, mi agradecimiento y ánimo para continuar.