Es cualidad intrínseca de los humanos tratar de mejorar sus condiciones, ya sea desde una motivación puramente material o de realización. Ese es el punto en común de nuestra especie, el punto que en su génesis nos equipara y en su desarrollo o gestión nos diferencia.
Desde esa gestión podemos observar a tres tipos de personas, que fluctúan o fluctuamos entre I1, I2 ó I3 según nuestro valor, disciplina o conciencia de ser.
Y es que la intención puede ser el punto de partida pero se necesita un grado más para el intento, el cual unas veces viene determinado por las circunstancias que nos abocan a ello o desde la voluntad (motivación o impulso), precisando esta última casuística un grado de autodisciplina mayor.
Mas el intento no siempre es puro, a veces se consolida sobre acciones no éticas que sólo tienen en consideración la meta sin contemplar los medios, si bien este caso es típico de quienes fingen un intento para atribuirse el valor de un logro que ya ha sido dado con anticipación desde estructuras no figurantes en plano de escena.
Sin embargo, el Intento (con mayúsculas) ético y fruto de la fuerza del propósito, es el que se constituye como una fuerza verdadera que estimula y anima nuestro caminar, convirtiéndose en una motivación (que puede ir y venir, avanzar o retroceder), o constituyendo un motor a menudo creciente que dirige nuestras acciones.
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De los tantos propósitos que saltan del escenario material al escenario del logro personal y más aun de aporte al colectivo, éstos son los que generan una mayor energía de propulsión dentro de nosotros, percibiendo que la fuerza que genera los pulsos del dar es mayor inconscientemente que la del recibir.Es por ello que aquellos que logran una meta para un bien común a menudo se sienten llenos y los que logran metas sólo para sí deben seguidamente buscar otra intención para desarrollar un intento que no les haga caer en el vacío.
Lo que haces para desarrollar el intento que conduzca al logro de tu intención, es lo que determina la impecabilidad del individuo, y es difícil ser impecable sin empatía.
Un acto impecable es aquel que usa la energía justa y necesaria en la dirección adecuada en el momento adecuado. y ser impecable implica erradicar las situaciones que consumen gran cantidad de nuestra energía, sean excusas, juicios, victimismo o culpar a lo externo, Religión (no se debe), política (no se puede), ciencia (no se sabe), economía (no se tiene)... o lo que es lo mismo, los cuatro jinetes de apocalipsis.
Porque el ser humano tiene tal fuerza dentro de sí, que si encuentra DENTRO el propósito de su vida (motivación que no fluctúa), y se centra en esta realidad y su logro por encima de las circunstancias desde su propio pensar (campo eléctrico) y sentir (campo electrómagnético) y las acciones adecuadas... en un intento impecable sólo puedo decir que...
... si quieres el final del párrafo es una experiencia ininarrable que hay que transitar para saber, porque si no se queda en mundo de las meras creencias o constructos culturales socialmente aceptados según geografías y entornos.
