Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



El Eterno Debate

   Existe que algunas veces las decisiones a tomar, no se presentan como una duda sino con toda claridad, ves algo, sabes que te está llamando, y lo adquieres, a mí, ésto me pasa con algunos libros.
El sábado por la mañana recordé que pasé con la bici por la calle Imagen y vi un kiosco el día anterior al salir de trabajar, y en el kiosco, un libro... ¿Por qué reparé en ese libro si pasé a toda velocidad y como siempre deseando llegar a donde me dirigía? Aquel libro, y su título que alcancé a leer, se gravaron en mi mente y sentí la necesidad de volver a buscarlo: "La revolución de lo muy pequeño" de Max Planck sobre la teoría cuántica.
   Siempre me ha impresionado la tesis de que lo que realmente es tangible, no lo es, y que somos una agrupación de átomos, y éstos átomos están compuestos por protones, neutrones y electrones, que a su vez, se componen de partículas subatómicas. Lo maravilloso de todo ello, es que estas últimas, tienen energía, pero no masa, entonces, no somos más que energía. ¿Cómo es posible encajar ésto?
En este mundo de inmediatez de miles de operaciones casi a tiempo real,... la era de la información... resulta que todo lo aparentemente tangible, sólo es energía. Necesito saber más, así que entre otros, ese es mi libro de cabecera. La exposición, aparte de científica, es humanista, y es ahí donde está el interés, en que el lenguaje es accesible y cautiva.
  Suelo ojear el libro antes de leerlo, soy lectora fetiche, me gusta oler el papel, no va conmigo el libro electrónico, y saltando antes de empezar la lectura ordenada de una página a otra, encuentro un recuadro enmarcado que voy a reescribir aquí


  "CIENCIA Y RELIGIÓN: DOS FORMAS DE CONOCER A DIOS
Planck fue un hombre religioso toda su vida y cabría decir que, en los últimos años, profundamente religioso. Sus ideas sobre la religión quedaron resumidas en un opúsculo, versión impresa de una conferencia que pronunció en mayo de 1937, Ciencia y religión, que gozó de un considerable éxito de público. Para Planck la ciencia y la religión no son incompatibles, sino complementarias. La ciencia acerca al hombre a la obra de Dios a través de la razón y la experimentación científica, que van desgranando poco a poco las leyes que rigen la naturaleza. La fe cándida del hombre ignorante que cree en los milagros y en todo tipo de supersticiones no tiene sentido hoy en día, sostuvo Planck, cuando la ciencia ha desentrañado los mecanismos de la naturaleza.
¿Una moral sin religión?
   El ateísmo, empero, es aún más peligroso. Aquí Planck asocia claramente la religión con la moral; para él, no hay moral posible fuera de la religión. Y escribe: "La victoria del ateísmo no solo destruiría los tesoros más valiosos de nuestra civilización, sino, lo que es aún peor, aniquilaría la esperanza de un mundo mejor". La diversidad de religiones no significa diversidad de dioses, sino que la forma externa que adopta la relación del hombre con Dios es tan diversa como diversas son las razas y las culturas. En este sentido las religiones sí son una creación humana, ya que las tradiciones y los rituales se han ido construyendo y depurando a lo largo de la historia hasta su forma actual. Pero usar esta evolución de los símbolos para despreciarlos es un error, ya que los símbolos hay que entenderlos como un indicio, imperfecto e incompleto, de algo superior. La cuestión fundamental: ¿existe Dios sólo en la mente humana y toda esa trasncendencia se agota en la muerte? solo puede responderse con la fe.
El lugar de la ciencia
   Finalmente, Planck se pregunta: ¿es compatible la fe con la ciencia? Su respuesta es "sí". Si la ciencia representa un conocimiento de Dios siempre incompleto y en constante avance, la religión muestra Dios al hombre desde el principio, en plenitud. La conclusión es que la religión y la ciencia tratan de lo mismo: del conocimiento del ser supremo. Y Planck termina su disquisidión diciendo: "Religión y ciencia mantienen una batalla conjunta e incesante, una cruzada que nunca se relaja, contra el escepticismo y contra el dogmatismo, contra la incredulidad y contra la superstición.

   Es un debate interesante, pero que, para mí, al igual que dos líneas paralelas nunca llegan a encontrarse, igual ocurre con las dos posturas encontradas: ateismo y fe.  No puedo acabar este post sin manifestar mi firme desacuerdo con Planck en su idea de que no hay moral sin religión, para mí, los hechos, y algunas personas, demuestran lo contrario. Es como no son todos los que están ni están todos los que son. El mundo es complejo, las ideas son complejas, y sólo nos queda la tolerancia y el respeto.
La bondad o maldad están dentro de la persona y no tiene que ver con su credo, es más bien una cuestión de actitud. La opción sensata es el agnosticismo, puesto que nadie aquí abajo, con los datos que tenemos puede demostrar la existencia o no existencia de la supremo. Para mí, hay una Energía superior, o si lo prefieres, un orden que no conocemos, pero esta es una opinión personal.
 Todo se basa en el respeto y la aceptación de que todos necesitamos algún punto de apoyo, da igual si es real o imaginario, lo importante es tener un sostén para seguir adelante buscando la felicidad.
Igual la solución al debate se trata de leer más allá del periódico de los prejuicios... y de admitir la teoría de la incertidumbre, o como algún profesor de esos que te enseñan a pensar, llamó alguna vez: "Mundo 3".