Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



Moraleja... con cuento

Ayer mi hermana mayor compartió un cuento conmigo como cuando éramos pequeñas, esta vez, vía email, más que un cuento, yo diría una reflexión, que me parece oportuno traer al blog por lo significativa que es. Merece la pena leerlo con atención porque parece que hay algo en lo que nos estamos equivocando...

Un hombre de negocios vasco estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de Galicia cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios ATUNES muy grandes.  
El vasco felicitó al gallego por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo.  
El gallego replicó: Oh! Sólo un ratito.  
Entonces el vasco le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El gallego dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.  
El vasco volvió a preguntar: 
¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?  
- El gallego contestó: - Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar "la gaita" con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.  
- El vasco dijo con tono burlón: 
- Soy un licenciado en Deusto y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande..
Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Vigo, luego a Madrid y finalmente a Londres, donde dirigiría su propia empresa en expansión.  
- Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?  
- De quince a veinte años  
- Y luego ¿qué?  
- El vasco soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte:  
- Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico.. Ganaría millones.  
- ¿Millones, señor? Y luego ¿qué?  
- Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar "la gaita" con sus amigos.  
- Bueno, pero eso es lo que hago ahora señor ¿Por qué tengo que esperar veinte años?
Un guiño a mis amigos

Estos días abatida e impotente ante la catástrofe de Japón, y pasmada ante la disciplina y humanidad que el pueblo demuestra en momentos extremos, me siento profundamente volátil como estado actual, por aquello de la levedad de lo que somos, y como deseable estado futuro, en cuanto al estar libre de cargas y mochilas pesadas que entorpezcan el camino.
Todo el territorio mundial ha tenido en algún momento de su historia (reciente sobre todo) algún episodio de catástrofe natural como se observa en el mapa siguiente compuesto por fotos a modo de collage de desastres naturales


y ante esa situación de necedad que nace del reconocer que a veces nos embarcamos en conflictos inútiles, en innecesarias disputas, en orgullos obstructores de una reconciliación y desembarcamos de la necesidad y deber de ayudarnos unos a otros, en este suspiro que compartimos, me alivia pensar en la potencialidad de los pequeños momentos, algunos retratados de por vida, instantes que si han quedado recogidos en vídeo, por ejemplo,y que siempre arrancan una sonrisa, los amigos, un tesoro, así es que hoy, me apetece daros las gracias "brother Lorenzo & sister Ely" por estos momentos compartidos, que hacen que recuerde el valor de la amistad y la alegría. Por los pequeños momentos, para los que amamos la vida y la valoramos en los pequeños gestos. La realidad, es que no controlamos nada, todo lo que somos es nada a nivel subatómico, donde la masa desaparece o a nivel universal donde somos un punto inapreciable en la inmensidad del espacio, y en esa minuciosidad, encerramos demasiados lastres. Estamos ante un cambio de escenario, parece obvio, crisis, conflictos, desastres naturales, pero cerramos los ojos y esperamos que todo vuelva a ser como antes.
No, señores, ésto no va a ser como antes, no puede ser como antes, es más, no debe ser como antes.
Debemos interiorizar el valor de lo pequeño, y cuidar unos de otros, porque nos tenemos, tenemos los momentos, los instantes, como aquellas risas de hace 5 años que en la mente de Lorenzo, Ely e Inma nunca se irán.
Lápices para la Paz

Hoy quiero retratar o traer a estas páginas la figura de Greg Mortenson. Me gusta aprender e inspirarme de gente que hace grandes cosas, gente normal de la mano de la voluntad, la inquietud o simplemente la "casualidad" que yo sinceramente no creo que exista.
Greg Mortenson regresaba de un fallido intento de alcanzar la cumbre del K2, cuando el cansancio logró desorientarle y acabó perdiéndose en las montañas. Llegó a un poblado aislado al norte de Pakistan donde recibió ayuda de los habitantes de ese lugar. Mientras se recuperba, observaba cómo los niños del poblado estudiaban sin escuela, al aire libre y una vez recuperó la salud, decidió devolverles el favor construyendo una escuela para esos niños. Su lucha era crear escuelas para niñas en el país del terrorismo taliban.Y a esa escuela le sucedió otra y otra, y así, ha logrado levantar más de 200.
Estos son los verdaderos héroes, los seres imprescindibles y los modelos en los que inspirar la profesión, la reflexión y las éticas de vida. En definitiva, los imprescindibles, son los comprometidos con los demás.
Las verdaderas revoluciones siempre comienzan desde abajo, y llegan a un punto que no puden contenerse.
Así, un rumor extendido, se hizo tan fuerte que logró abatir el muro de Berlín en 1989 o si lo prefierís, un ejemplo más cercano, la revolución del mundo islámico por el acto llevado a cabo por  Mohamed Bouazizi.
Casualidad o Causalidad.