Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



Partiendo de esto, todo lo demás

   Cuando eramos pequeños... ¡ah!, no había leyes y durante por lo menos unos dos años uno duerme cuando quiere, haces las necesidades cuando aparece la necesidad y jugar cuando lo sientes...
Pasamos de bebés a niños, la etapa del "por qué"... y las respuestas que nos dan otros... y nosotros las creemos.
Y llega la adolescencia, donde es tan importante ser uno mas del grupo, ser aceptado, adecuarte a los semejantes, para no sentirte excluido... y así, empezamos a valorarnos y aceptarnos o autodespreciarnos en función de la mirada del otro, aprendemos a medir el amor propio en función a la aceptación externa... hasta que todo estalla por dentro si ese fuego interno de la identidad no se ha apagado.
Y el fuego se cuestiona cada definición, cada código o comportamiento aprendido que no es acorde a lo que sentimos, y empiezas a buscar las piezas del tetris que encajan en las respuestas que se acercan a tu sentir y tu propia coherencia.
Entonces, te preguntas acerca de si no eres capaz de sentir el amor tal como lo definen fuera o es que es una definición interesada y errática para ti y el siguiente paso es definirlo en tu propio wordreference, (heartreference).
Para entenderlo aun mas lo vives, lo experimentas, y poco a poco te das cuenta de que el común de esas experiencias derivaron -haciendo un ejercicio de honestidad brutal-, una vez mas, en tratar de complacer a la otra persona incluso a costa de tí. Momentos en que la magia se contamina del compromiso o del deber, en lugar de vivirnos en autenticidad, de lo procedente o improcedente, de qué pensará la otra persona si... si soy y actúo desde lo que siento en lugar desde lo que es esperado de uno.
Desestructurando toda la estructura carcomida de protocolo, me atrevo a apostar por relaciones de amistad y afectos donde el otro sea tal cual es... educo a mis amigos a dirigirse a mi desde la absoluta libertad para contestar o no un mensaje, sin ningún debería, sin ninguna obligación y ves cómo los demás se desmontan. A veces hay reproches, otras muchas chispa de asombro y gratitud, porque lamentablemente señores, nos han educado en la hipócrita manía de hacer lo políticamente correcto, que no es necesario siempre y cuando te dirijas a los demás desde el respeto.
Me pregunto a cuántos actos dejaríamos de ir si no existiera el compromiso o el quedar bien...
El tema es sencillo: si actúo desde mi sentir, tal vez me quede solo... ese es el miedo, al menos hasta que te das cuenta que estar solo es estar desterrado de uno mismo y entonces apuestas por relaciones desde la autenticidad de ser. Lo que siento para mí, lo quiero para el otro, porque sospechas que de otro modo te relacionas con máscaras de comportamiento perfectamente adecuado a un aburrido y predecible modo de comportamiento donde poco espacio queda a la autenticidad.
Y llegas a una edad (que no es mas que un concepto abstracto), donde todos se cuestionan lo que has logrado según lo que en ese momento, -cómo no- otros han determinado que es lo oportuno.
Tal vez no haya conseguido muchas cosas, pero al menos sí una, que estimo de las mas importantes; coherencia entre lo que siento y lo que hago... y por si acaso se me olvida, me lo recuerdo donde miro por las mañanas al despertar:
Qué importa quien me quiera, si yo me amo a mi misma.

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Valía


   Hoy ocurrió algo que desde la visión convencional de observar las cosas, sería algo iluso que para mí fue tremendamente significativo.

Regresaba a la estación de metro en construcción en la que trabajo desde la cancillería donde fui a arreglar mis papeles de visado... iba disfrutando del sol y del aire de la calle, mirando las personas, como siempre desde una visión no objetiva sino imaginativa (ya hace tiempo que descarté la aburrida mirada objetiva colocada por el -sin-sentido común), y de repente, miro un papelito doblado en la vereda. 
Siempre imagino que esos papeles que a veces se ven escritos por una de sus esquinas, tiene algún mensaje para mi... pero este concretamente era un billete de USD 20'00$, Siempre he encontrado moneditas, que en época de lo que llaman crisis en España eran preludio de una solicitud de presupuesto, encargo profesional o trabajo sin fallar, pero esta vez era algo mas que una monedita. 

He estado dándome cuenta cómo me he conformado demasiadas veces con "lo que hay", la llamada esfera de disponibilidad en otros contextos, y desde hace un tiempo vengo trabajando en reconocer mi valía personal, y el merecimiento...  
Lo primero que hago es relacionar ese hallazgo con el aumento de mi valía que a nivel celular incluso -para los que aprendemos a sentir el cuerpo- podemos percibir en forma de ligereza o en la posición corporal.

Tras ello, en una mini conversación digital, aprecio desde un punto de vista cuestionable pero propio, que se da una situación para reivindicar esa valía, y decido hablar, mostrar mi punto de vista, porque las pruebas se presentan del modo mas sutil para determinar si aquello que crees tener, realmente te corresponde. Lo hago, me siento bien (una vez mas, sentir), y tras regresar a casa, en el transporte público, descubro a un tipo que pretende meter la mano en mi bolso.

¿Sucesos inconexos?No para mi psique, decido enfrentarlo, y el tipo no se atreve mas que a dar una excusa absurda jugando al camuflaje, yo asentada en ese valor, que empieza a reflejarse en lo externo reflexiono:
-La conquista de valores personales, siempre requiere estar alerta.
-No descansar en los logros, sino avanzar hacia más.
-No permitir que nada ni nadie sea la medida de esa valía, sino yo misma.
-No dejarme quitar lo que con tanto esfuerzo he conquistado.
Y recuerdo el kybalion, y una de sus leyes herméticas, 
"Como es adentro es afuera":
si yo me valoro, me valoran, si yo no me robo, por mas que lo intenten, no me podrán robar.
¿Cómo nos robamos a nosotros mismos?Se me ocurre, por ejemplo, 

El tiempo es el mayor tesoro, si comparto mi tiempo, comparto algo que no es recuperable, comparto lo más valioso que tengo,y aunque seamos eternos, o así yo lo perciba desde que no me miro como un simple traje caduco de carne, esta experiencia de vida, es de la que estoy consciente mas que de nada, y velo porque sea excepcional.

Por otra parte, estimo que el diccionario a veces se equivoca. Encontré esta definición de valía:
"Cualidad de la persona que merece consideración y aprecio por sus características, especialmente intelectuales",...
y me pregunto: ¿Consideración y aprecio de qué o de quién?
¿características intelectuales,perdonen que discrepe, señores (sujetos a no se qué intereses) que escriben el diccionario, acostumbrada a buscar la significación desde mí de las cosas, reescribo esta definición de valía:
"Cualidad de ser por uno mismo, desde las propia elección y AUTO-Reconocimiento".
Eligiendo cómo mirar las cosas... puedo ver el día como una sucesión de eventos inconexos, o usar mi mayor tesoro, y si se me permite el de todos, la imaginación, y aprender y crecer con todo.
La valía no es hacerse el estrecho delante de aquella persona con la que quieres dormir, ni es tener muchos diplomas y un corazón infeliz, ni el respeto de personas interesadas por lo que puedan conseguir de tí. Valía es saber que aunque no seas (o sí) importante, eres digno de respeto, empezando por el propio, y para ello se necesita tener valentía.

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Acompañar

Gracias a todos aquellos que me habéis permitido, me permitís y me permitiréis acompañaros, 
porque a través de vosotros, me descubro más a mí misma, en cada una de vuestras emociones, aprendo más de mí, quitando capas de la "cebolla"de ese personaje que construimos alrededor de la esencia.
Descubriendo lo vulnerables que somos y a la vez la inmensa fortaleza que todos tenemos.
Y es bonito descubrir la humanidad detrás de la máscara, el lobo y el cordero que todos somos, y amarnos así, completos, sin nada que censurar, ni nada que adornar, pero sí observar, darnos cuenta, y en lo posible, mejorar.
Gracias.


https://www.youtube.com/watch?v=ujl781B2_zk