Hoy hace un año que llegué a Mallorca. Otra vez un cambio radical, de esos que los amigos de lo estable, aquellos que niegan que la estabilidad es saber adaptarse a los cambios, podrían temer.
Ves que unas semana antes estás en territorio andino, con el Pichincha visible desde cualquier punto de Quito, y ahora, en una isla rodeada de mar...
y recuerdas como 49 meses antes pasaste de andar con las justas a cobrar un suculento sueldo de expatriado...
Todas esas experiencias de cambio, te enseñan a percibirte más allá de las circunstancias siempre cambiantes. Los rostros que cada mañana ves, cambian, y te esfuerzas porque en ese entorno de cambio, la chispa de ilusión y pasión no abandone tus ojos, ni del alma, las ganas de descubrir.
14 de febrero, muchos lo recuerdan por ser San Valentín, día de los enamorados, si bien yo sostengo que todos los días, son el día de los enamorados dado que estar enamorado no es más que estar EN AMOR. ¿Y cómo no estar en aquello que somos o que si el olvido no lo oculta, de aquello que procedemos?
De nuevo este año, no hay nadie con quien celebrar ese día que jamás celebré incluso cuando tenía a alguien que acompañaba mi camino. Primero L. y después P. no eran amigos de este día, o eso creo, y al menos en eso coincidíamos. A través de ellos, cada uno en su intervalo de tiempo que compartieron conmigo, de los viajes, los trabajos, los amigos, las noches de soledad y lecturas, las reflexiones, meditaciones, deporte.... y tantas y tantas cosas, se aposentó en mí certeza (de la que a veces sospecho y seguidamente desecho) de que como dice una de las leyes herméticas, como es adentro, es afuera.
Si te amas, te sientes amado, si te cuidas, te sientes cuidado, si das, te dan (recibes), si agradeces cada paso sin expectativas, recibes a raudales magia y sincronías.
Cuando miré a la chica del espejo como mi madre, mi hija, mi hermana, mi amiga, decidí ofrecerle una existencia propia, con sentido, asida a la coherencia y la paz.
Y hoy, al igual que Chaplin, puedo aseverar en mi experiencia, cada una de sus palabras:
Cuando me amé de verdad
"Cuando me amé de verdad
comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta,
y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima
Cuando me amé de verdad,
pude percibir que mi angustia,
y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal
de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad
Cuando me amé de verdad,
dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a aceptar todo lo que acontece,
y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama… Madurez
Cuando me amé de verdad,
comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona,
sólo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento,
o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto
Cuando me amé de verdad,
comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable:
personas, situaciones y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy se llama… Amor Propio
Cuando me amé de verdad,
dejé de temer al tiempo libre
y desistí de hacer grandes planes,
abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta,
cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez
Cuando me amé de verdad,
desistí de querer tener siempre la razón,
y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad
Cuando me amé de verdad,
desistí de quedarme reviviendo el pasado,
y preocupándome por el futuro.
Ahora, me mantengo en el presente,
que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama… Plenitud
Cuando me amé de verdad,
percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme.
Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón,
ella tiene una gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber Vivir
No debemos tener miedo de cuestionarnos,
de hecho hasta los planetas chocan,
y del caos suelen nacer la mayoría de las estrellas."
–Charles Chaplin–
Cuando me amé de verdad,
comprendí que no hay que buscar el amor,
porque el Amor está en todo,
del mismo modo que es absurdo que un pez busque el agua
que le rodea constantemente.
Y a eso se llama... ser Consciente
–Inma Martín G.–

