¿Qué decir de la sombra que no hayan escuchado ya?... Bien, empezaré por Jung, lo que él expresaba acerca de esta puede reflejarse en esta imagen, si bien sus palabras acerca de la misma fueron: "Lo que niegas te somete, lo que aceptas, te transforma"
Me he encontrado con la sombra, primero con la mía propia, aquello que no quería ver y ahora expreso: mal carácter, reacción excesiva cuando siento una agresión que a veces sólo está en mi percepción... ¿Hasta qué punto esto me domina, es racional o es un engrama?
Por fin puedo verla, y como un vampiro al sol, desintegrarla y una vez logrado, ves a las personas como son, sin la mirada de culpa que arrojas sobre ellos... superado esto, o en dicho intento, reviso mis sentencias.
Sentencié que me haces daño.... lo niego, discursos, reflexión, monólogo acallado para permitir que tu verbo sea [pausa] diálogo, absolución, paz.
Pasan unas cuantas escenas, días, situaciones, y veo que lo que parece un error puntual forma parte del ser de mi espejo. Lejos de juzgar, tomo esa sombra con las manos como un pequeño objeto,-incluso la acaricio-, la encaro, la estudio, le sacudo mis juicios, mis creencias derretidas a la luz de un sol cada día más grande,¿cómo es posible que no viera lo que siempre estuvo allí?
La dialéctica es como un galán que te invita a una copa y sin saber cómo despiertas en su lecho, te envuelve, te convence, te agasaja, antes de que puedas observar... confías porque así tu ego se siente seguro, todo, todo menos asumir las desafiantes intuiciones que sólo quieren asesinar el miedo.
En un intento desesperado de ser aceptados, queridos y reconocidos, escondemos todas las sombras en una capa de cal que da un aspecto luminoso e impermeable al envoltorio,... pero es imposible no ser lo que somos.
Si yo no te juzgo, ¿por qué te ocultas?y de repente ves, ves lo que hay inconfeso, y nisiquiera me parece mal
¿qué es malo? ¿qué es bueno? cada vez entiendo que es una delgada linea imperceptible lo que los separa y forman parte de un todo... pero "no tiene importancia".
Verdaderamente, nada tiene importancia aquí, porque todo es cíclico y transmutable, pero aquel que no se muestra como es, está condenado a ser desenmascarado hasta que por fin comprenda que nadie juzga si nos quiere, aunque también hay que comprender, que aceptar lo que otro es, no significa negar lo que somos.
Mostremos la sombra, no robemos el tiempo, no regalemos desengaños, aceptémonos para que nos acepten, valorémonos para que nos valoren, autocuestionémosnos, para dejar que un velo de esperanza exista.
Las personas más inmaduras emocionalmente que conozco, son las que cubren sus sombras con el victimismo y posicionando al otro frente a terceros a modo de juicio.
Las personas más honestas y valientes que conozco tienen la humildad y la osadía de parar el coche y revisar bujías en lugar de seguir caminando con el piloto de aviso encendido, sin decir a nadie quien condujo el coche.
La elegancia: siempre representada en moda por los colores blanco y negro...
El contraste: elemento esencial en la puesta en escena, en la arquitectura efímera, en el decorado.
Si tuviera que decir de qué color es el miedo, yo diría blanco, porque nada más temible que una sombra revestida de resplandor. (Manos sucias, dinero limpio, ladrón de guante blanco...).
Todos, absolutamente todos, somos Sombra y Luz, la habilidad, es no ocultar ninguna porque ambas nos definen.
Y eso es posible, cuando nos sacudimos la hipócrita creencia de que somos especiales, cuando en realidad, todos cagamos, tenemos hambre, frío o calor, y somos niños asustados en busca de protección, sin saber, que no hay mayor protección que ser aceptados por lo que en verdad somos.

