Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



InmaculHada

La cosmovisión andina, dice que lo mejor para reinterpretar tu pasado, es cambiar de nombre.

Hace unos años, decidí, más bien sentí, que ese casto nombre Inmaculado, necesitaba un toque, pero no tenía esos bolígrafos de colores que usaba mi abuelo y tanto me gustaban, así que decidí agregar una letra, la "H".

"H" rotunda como el silencio desde donde nos habla el corazón, la intuición, lo que somos. El color fue apareciendo en la mente, después de las tormentas.

Si bien no quise cambiar mi pasado al que bendigo y agradezco porque fue un punto de partida hacia lo que soy, (código IACHEY), la idea latente, ahora puesta de manifiesto era traerme a Inma, a la Inma más brillante que es donde me encuentro y me encontraré, una persona que reconoce su capacidad para crear, y digo "que reconoce" porque lo reconozco en mí, en todos, si bien no todas las personas se ven a sí mismas así.


Una pregunta lo cambia todo, a veces, una frase, hace click en tí y te genera el volcán explosivo de la fuerza creativa.
Esa pregunta fue, "¿dónde está la raíz de ...? (los puntos suspensivos pertenecen a mi intimidad) que alguien me hizo una vez.

Maestro y espejo que me enseñó mis propios juicios, mis propias dudas, mi absurda forma de pensar anclada en el ayer y el mañana, enfrascada en la búsqueda insaciable de sensaciones fuertes, de adrenalina, que era una forma más de no estar en mí. 

Un espejo que también me mostraba el amor que sentía hacia lo que veía en mí, si bien no me veía a mí, porque la parte de mi que no se adecua al estandarizado esquema es mi identidad, que ahora quiero anclar a la tierra sobre la que caminamos.

Cambia tu nombre, tu identidad y cambia tu vida. 
Identifícate con lo que te hace vibrar, ser tú, respirar, sonreír. El contexto, no hace a la persona, ahora lo sé. Puede que estés bajo un aguacero y te desvías unos metros y las nubes han hecho un hueco para filtrar un rayo de sol, es cuestión de moverse, y reconocerse uno mismo, inmutable, en la tormenta y en el cielo raso.

Y aunque mi cambio inconsciente de nombre se debió a un juego inocente de letras para crear un estímulo positivo, me apetece pensar que también fue porque mi intuición sabía que en el futuro que es mi presente ahora y en adelante, vencería el miedo, que fue uno de los días mas felices de mi vida. 

Estamos vivos, y es una ¡fiesta!