Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



La escafandra

Resulta paradójico descubrir cómo nos resistimos a la "escafandra" impuesta por los condicionantes sanitarios de los últimos tiempos y no nos damos cuenta de la sutil imposición de otras de igual o superior alcance que nos infringimos a nosotros mismos como consecuencia de nuestros miedos, creencias o programas. 

Un yugo de protección a la VIDA con mayúsculas que nos impide justamente experimentar el regalo que ésta es y su experiencia en el momento presente que es el único instante donde acontece. 

En estas semanas los sueños y la compañía de mis queridas amigas guerreras, se vislumbraban las señales que instaban a bajar el ritmo, el hacer incesante, a ser humilde, para poder observar a los demás desde la quietud, y por ende a mi misma y los procesos desde los que opera la mente por inercia, inconscientemente sin consciencia. Esa quietud me regaló estos días una privilegiada aunque no agradable imagen mental cargada de simbolismo y energía respecto al lugar desde dónde percibía. Esa imagen, era una escafandra, ese equipo que buzos y astronautas llevan a modo de traje protector de una pieza, con un casco hermético por donde recibir oxígeno mientras se está bajo el agua o en el espacio. Veía cómo estaba envolviéndome y se iba difuminando hasta desintegrarse.


Este paquete de información en modo visual se puede asimilar al recuerdo de un fotograma de una película fugaz y aconteciendo sin pretenderlo pero permitiendo su expresión. Al ser atendido me permitió en ese instante percibir toda la riqueza de vida que tenía delante y las maravillosas experiencias que están sucediendo y cómo desde esa "armadura" era incapaz de percibir sin juicio.

Es entonces cuando caen los velos de aquello que llamaba realidad. 

Desde este punto, tenemos dos caminos, despreciar y cuestionar la información que  recibimos u honrar el espacio evolutivo que genera si logramos acogerlo. Sólo se nos pide permitir. Permitirnos ir más allá de esa escafandra fraguada con la psique de alguien que ya no somos. Y es cuando comprendes no de un modo lógico, sino en la célula, en el sentir por todo tú, por toda tú, que percibimos el mundo no con los ojos o la mirada inocente, sino a través del filtro de las ideas, miedos o creencias que un día adoptamos sin cuestionar para proteger aquello impermanente.

Y habrá quien indique que de no sumergirnos con protección, careceríamos de oxígeno, pero tal vez la falta de oxígeno sea no permitirnos amar ni vivir.