Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



 Proyecto Ideal

Arquitecto: 
del griego antiguo ἀρχιτέκτων (architéctōn, "arquitecto o constructor jefe"), compuesto de ἀρχός (archós) ("jefe", "guía") y τέκτων (téctōn, "constructor").

Hoy en día, la mayoría de los arquitectos, en un ejercicio de honestidad, deberían reducir su nombre de profesión a -tecto, dado que en su modus operandi, ha olvidado su guía interna. De ello se deriva la arquitectura mecanicista, que busca el volumen (por cantidad o por impacto) sin otro objeto que el crematístico.

La arquitectura sin guía (guía interna y escucha externa del receptor), se vuelve un objeto sin alma, un producto que con el tiempo pierde su frescura e ilusión iniciales.

Actualmente, si observamos los estudios de arquitectura, generan beneficios por volumen de trabajo en su mayoría lo cual deriva en la conversión del profesional arquitecto en comercial, perdiendo su sentido y vocación iniciales.

Muchas veces visto dentro de mi, el proyecto ideal, que inexorablemente deriva en una dedicación e implicación en cada detalle. 

Los detalles conforman el total, suma de éstos, que tangibles o intangibles imprimen el buen hacer. No es posible atender a los detalles sin visitar obras, sin resolver la ingeniería, sin pensar holísticamente en el sistema. Se trata de atender y supervisar cada rasgo, cada luz, cada instante de habitabilidad imaginada. 

Un proyecto tal como hoy lo concibo, atiende: en primera instancia la arquitectura invisible, la que emana de tierra bajo rasante, la GEOBIOLOGÍA que inexorablemente conduce los flujos de energía generando armonía o desarmonía en superficie; a orientación y forma considerando el clima, y el aprovechamiento de sus flujos, BIOCLIMATISMO; a los trazados reguladores, logrando la mejor distribución de los espacios y la geometría de las estancias, proporciones armónicas a lo visible y lo intangible, ARQUITECTURA SAGRADA; los materiales, colores y diseño que evocan tensión o distensión interna en sus habitantes. Racionalidad energética y sobre todo una revisión del proceso desde la idea primigenia hasta la "ultima piedra" en una atención constante. 

Es en este seguimiento donde muchos de mis colegas merman sus esfuerzos, relegando sus funciones al trámite documental y a contadas visitas de obra. El volumen de trabajo, en contra de proyecto...

Esto es algo que no está en mi latir, por ello, mi proyecto ideal es aquel en el que el cliente y todos los destinados a vivir el espacio generado tienen espacio para explicar lo que pretenden y precisan, desde el niño al mayor, desde los colores a la forma, con un acompañamiento integral que atienda a la materia y al corazón. Es una arquitectura dilatada en el tiempo, un proyecto ágil pero sin prisa. Un proyecto con corazón.

Esto hace que para mí, el proyecto ideal es un proyecto sin "para antes de ayer", una arquitectura slow, que mime y vele el contenido material e inmaterial además de  la forma.

Mi seña de identidad, siempre el espacio oculto, un lugar no inmediato ni evidente un estancia escondida para el lugar de juego, culto, relax... autodescubrimiento.

Un proyecto ideal, siempre tiene un nombre, el nombre nos da identidad, y las cosas nombradas son reconocidas, un proyecto que abrace, que tenga ese algo indescriptible que invite a entrar, a participar,... a quedarse, a habitar.

La arquitectura no ha de ser una mera interpretación de un prontuario o aplicación de un manual en una forma concreta, ni una aplicación de cálculos inconexos donde cada parte sesgada no tiene coherencia en el todo, encontrando en muchísimas ocasiones proyectos donde el plano dice una cosa, la memoria otra cosa, y los pliegos y las mediciones otras completamente distintas. Atender las partes es integrar al todo, así debería ser nuestro oficio.

Yo Soy ἀρχός (archós), no por jefe sino por guía. 

Guía, es la escucha misma del Ser para desde ahí, hacer.