Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



 Cuando el oso ruge...

Todos tenemos una voz interna que nos empeñamos en silenciar. Al menos así fue de unos años a esta parte, pero me doy cuenta que cada vez esa voz, ese oso rugiente está clamando en más y más personas con una contundencia que es imposible acallar, del mismo modo que uno no puede silenciar las tripas cuando tiene hambre.


La estructura de la sociedad nos condiciona para tener en detrimento del ser... basta preguntar ¿Quién eres? para darte cuenta que la gente responde con lo que cree tener, o cree ser en base a sus posesiones. Todo es un préstamo que está bien usar, mas se disfruta mucho mas cuando sabes que nada de eso te puedes llevar.

El oso es la voz en el corazón, esa silenciada por la voz de la cabeza. No es el angelito a derecha e izquierda, sino la pugna entre la razón y la intuición, una regida por miedos y autoprotección y otra por la esencia y la fuerza de la vida en su máxima expresión.

Cierra los ojos...
...y dime qué te dice la vida acerca de lo que es sentirse vivo.

Proyectos y proyecciones, uno propios y otros en la pantalla del vecino, que nos hace a veces creer que el otro es el que me tiene que dar, que satisfacer, que amar. Estos días escuché que la palabra más venenosa que existe es "mío"... por un momento hubiera dicho odio, hubiera dicho miles de palabras antes que mío, pero en última instancia esta palabra encierra el desvío más inmenso de todos.

El oso siempre nos habla, y cada vez más lo escuchamos, salir, respirar, gozar de la libertad y felicidad de los demás... a veces nos araña para que volvamos adentro y miremos qué se lo que realmente nos hace felices, y eso, está más allá del deseo de poseer y del miedo al fracaso.