Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



 Vichara

Tener que sentarme frente a frente con alguien a quien no conocía y tener que mirarle fijamente a los ojos, se me antojaba demasiado duro e invasivo. Había algo dentro de mí que se resistía a semejante trabajo. No era la primera vez que los trabajos de la Escuela me confrontaban con mis límites, pero esta vez era demasiado. No sé por qué no me fui. Supongo que la guerrera que llevo dentro entendió que, si sentía tanto rechazo ante el Vichara, era importante que lo hiciera. Y así fue. En uno de los actos de entrega más fuertes de los muchos que he realizado a lo largo de los años allí, me dispuse a sentarme frente a un compañero absolutamente desconocido para mí, rodilla con rodilla, mirándole a los ojos.

“Dime, en el Aquí y en el Ahora, ¿quién eres tú?”, me adelanté a preguntarle para así ganar tiempo y poder calmar los nervios que sentía. Y fue entonces cuando, escuchando su respuesta, empecé a percibir cómo se iba creando un espacio sagrado entre los dos, en el que la vibración de la Presencia Yosoy que me esforzaba en sostener mientras escuchaba, nos conducía a unos niveles de gran profundidad en donde empezaban a aflorar los bloqueos, emociones, racionalizaciones y demás defensas que todos llevamos dentro. No pude dejar de sorprenderme. No lo esperaba.

Y llegó el cambio de turno. Esta vez me tocaba a mí hablar y a mi compañero escuchar. Al ir a contestar la pregunta, de repente, me di cuenta que ya no estábamos dos personas mirándonos a los ojos: allí ya sólo había una que se miraba a sí misma en un espejo y ahí, en ese estado de fusión, simplemente iba permitiendo que las palabras fuesen saliendo por mi boca. No sabía lo siguiente que iba a decir pero daba igual, sólo estaba pendiente de permitir que saliese lo que tuviese que salir en ese momento, ya fuese esto palabra, emoción, movimiento, grito, etc. y de no cortarlo metiendo la cabeza por medio. Repetimos el trabajo varias veces y con distintas personas, pero la sensación de estar frente a un espejo mirándome y hablándome a mí misma en una sensación de eterno presente siempre estaba allí. Fue toda una experiencia: intensa pero absolutamente preciosa.