El colegio fue el primer lugar donde escuché acerca de la tercera ley de Newton: Acción - Reacción, la cual afirma que: “Todo cuerpo A que ejerce una fuerza sobre un cuerpo B experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección pero en sentido opuesto”. Lo entiendo como una traducción física de lo que das recibes.
Pero las leyes de la física, si bien percibidas, no son visibles, del mismo modo los comentarios ajenos, que pese a no ser escuchados, suman al egregor que da forma a la conciencia colectiva.
¿Qué pasaría si todos pensáramos de modo constructivo en aras de un mejor convivir y discurrir el tiempo vital disponible?
En mi imaginario y la física de mis operaciones mentales, la primera ley que me atrevo a enunciar es que un ser feliz no hace daño. Si el observador contempla la parte hermosa del observado y la enunciara tal como lo hace de las miserias, la acción externa resultado de ello sería absolutamente distinta.
Reaccionamos, a las acciones del otro, y eso tiene una acción o efecto tangible en los comportamientos. Reacciona con un aprendizaje ante un revés o contrariedad, y la acción será crecimiento, sin embargo, si reaccionas desde la crítica ante ese mismo suceso, no creces, no aprendes.
Ha llegado la hora de no quedarse tras el muro observando sin hacer, -si bien los no haceres también tienen su sentido y su momento-, pero en este sistema obstinado en persistir pese a caerse a pedazos los cimientos de la política, religión, educación y ciencia, que no va a cambiar desde arriba, exige una reformulación desde cada individuo que si bien a nivel individual no es mucho, en suma de todas las individualidades, ésto es, la unión, logra lo que ningún estamento puede frenar.
Divide y vencerás, vende miedo tras ese muro, y nadie saltará, se limitarán a observar y opinar sin hacer nada, u ofrece, ya es momento, de tender la mano, de inclinarse, saltar, mirar DESDE otra perspectiva, desde el otro lado, y dejar de reaccionar, y pasar a la acción, que veces es ofrecer otro punto de vista, una escucha, una mano tendida, mostrar la humanidad para que otros puedan relajarse y simplemente respirar.
Dejemos de reaccionar y empecemos a accionar, actuar, y eso empieza, desde la forma amable y humana de dirigirse a los demás.