Ayer escuchaba un discurso sobre lo que es la Belleza. Hay valores universalmente aceptados sobre lo qué es belleza, que si bien es subjetiva, a mi juicio, algunas concepciones de la misma, son aceptadas por el común de las personas; la sonrisa de un niño, un amanecer, un paisaje...
Sin embargo, en cuestión de lo que es feo, parece que hay disparidad de criterios.
Curioso, esto nos conduce a pensar que existe un arraigo cultural en dichos criterios, con algunas connotaciones compartidas.
Alimento para el alma, para mí es cada pequeña pulsión que rompe la estandarizada cotidianeidad: una sorpresa, una nota, un perdón, el agua, gritar, reir hasta que duela la barriga, el deporte, compartir, ayudar,
tender la mano, trazar puentes, crear oportunidades, escuchar y ser escuchado objetivamente, pisar la tierra con los pies descalzos, la adrenalina, las endorfinas, en definitiva, lo que activa la química positiva de nuestro cuerpo.
La compasión, la justicia, el esfuerzo. Todo aquello que pueda establecer una diferencia entre lo cumún y la rutina. Porque la diplomacia tiende a relaciones estandarizadas que no dejan nada de la esencia del otro y si bien son genéricamente aceptadas, no dejan huella en el corazón.
El misterio, es antesala de la sorpresa, y el mismo Einstein decía:
"“El mas bello sentimiento que uno puede experimentar es sentir el misterio. Esta es la fuente de todo arte verdadero, de toda verdadera ciencia. Aquel que nunca ha conocido esta emoción, que no posee el don de maravillarse ni de encantarse, más vale que estuviera muerto: sus ojos están cerrados…”
Porque nunca lo previsible me pareció emocionante, y por, para mi, y ahora puedo asegurar que para muchos otros también, la belleza es emoción y la emoción a su vez, es el alimento para el alma.
