Construyéndonos primero a nosotros mismos, podremos construir para los demás



Termografía y vestigios subterráneos

La termografía es una de las más novedosas tecnologías que tiene una rica aplicabilidad en múltiples temas, hoy en día se usa fundamentalmente en aplicaciones industriales, en mantenimiento así como en investigaciones para evaluar y mejorar el rendimiento de aislamientos o sistemas constructivos. Permite entre otras cosas detectar fugas de gases, ver el rendimiento de instalaciones o analizar el comportamiento térmico de un edificio... Sin embargo, leyendo un artículo sobre la maravillosa ciudad subterránea de Derincuyu en la Capadocia, y su descubrimiento casual, cuando un individuo derribó una pared de su casa cueva y descubrió detrás de la misma una habitación a la que precedía otra y otra... me pregunto, por qué estas técnicas no se aplican para desentrañar los vestigios del pasado manifiestos en galerías y pasajes, de los que tiene constancia verbal pero no documentada. Concretamente me refiero a ciudades como la mía, Llerena, que cuenta con una arquitectura y un urbanismo maravillosos a cielo abierto, y además con una rica historia, teñida de episodios del pasado bajo el mármol de la Iglesia Ntra. Sra. de la Granada. Varias, losas de piedra, al menos dos, selladas son las puertas de acceso a este mundo subterráneo. Si estas losas no se abren a labores investigadoras, me imagino que el uso de esta tecnología podría ser de utilidad como una herramienta más en estos temas. Existen muchas historias en cuanto al subsuelo de Llerena, alguna gente cuenta que se extiende desde la Iglesia a varias calles, otros van más allá. Yo creo que la historia, no debe dejarse encerrada bajo una losa, tal vez, debiera abrirse, investigarse y documentarse gráficamente para que todos tengamos en consideración de que el tiempo no sólo deja sus huellas a cielo abierto, y que la historia escondida, también es historia.